Frases de La flor y la muerte, de Iria G. Parente y Selene M. Pascual

Iria G. Parente (1993) y Selene M. Pascual (1989) son dos jóvenes autoras de Madrid y Vigo respectivamente, cada vez más conocidas entre el público juvenil y no tan juvenil. Tratan grandes temas como la salud mental, el feminismo, machismo, redes sociales… Sus historias nos dejan grandes personajes, de todo tipo, y muchas veces una gran melancolía al terminarlas. Una de sus últimas series, llamada Olympus, está compuesta de novelas de ciencia ficción independientes e inspiradas en los mitos griegos. Hoy te dejamos diferentes frases de su primera parte, La flor y la muerte. Cuidado, puede contener spoilers. (Si estás interesad@ en saber más, pincha encima del nombre de la novela y te llevará a nuestra reseña).

«Odio las Flores,

las odio más que a nada,

y es culpa tuya.

Antes tú olías a ellas;

ahora son ellas las que huelen a ti».

***

«Tras dieciséis años rodeada de muerte, hay una única cosa que he aprendido sobre la vida: que se compone de recuerdos.

La memoria es lo único inmortal. Si conservas la memoria lo conservas todo. Son los recuerdos los que nos configuran y los que, al final, se transforman en datos para mantener nuestra existencia en el mundo. Un recuerdo importante y vívido puede regalarte un pedazo de alguien perdido y convertirlo en algo infinito; un montón de recuerdos extraídos con absoluta precisión pueden regalarte la eternidad».

«—Sólo a los humanos se os podría ocurrir usar las redes como arma —nos dice.

—La socialización puede resultarte muy diferente en Marte de lo que es Ilión, pero al final todas las criaturas inteligentes nos guiamos básicamente por lo mismo —comenta Armand—. Todos creamos máscaras que vamos cambiando según con quien estemos. Algunos intentan convencerse de que son siempre la misma persona, pero lo cierto es que escondemos o mostramos partes de nosotros según consideramos adecuado. Y, a veces…, sí, aprovechamos eso como un arma.

—Sólo que a veces la máscara te la ponen otros».

***

«—Has dicho que me miras especialmente a mí —murmuro—. ¿Por qué? No hay nada fascinante que ver.

—A lo mejor porque eres el Hijo que no quiere llamar la atención de nadie, cuando el resto sólo quiere destacar —dice tras pensárselo un segundo—. A lo mejor porque tienes miedo de ser sólo los que Olympus quiere y que nadie te vea como nada más. A lo mejor porque creo que sigues siendo el niño en el grupo equivocado, mirando y viendo más allá, pero sin saber qué pasará si deja el lugar que le han dado, o si puede dejarlo siquiera».

***

«Hay algo bueno en el miedo a la muerte y es que, de alguna manera, nos iguala. Da lo mismo cuánto se haya avanzado o que hayamos encontrado maneras de aparentar tener la vida eterna a través de datos e inventos: al final, todos nacemos mortales, y la realidad puede acabarse a nuestro alrededor en cualquier instante. Esa perspectiva, la del fin de lo conocido, es aterradora».

«Entendí la muerte antes de entender qué era la vida, sí. Entendí las posibles opciones de perduración y las tasas de cada una de ellas. He visitado Paraíso en incontables ocasiones, he caminado entre sus muertos y a veces ha sido incluso un refugio para mí. Durante toda mi existencia he creído que nadie podía enseñarme nada que yo no supiera ya sobre lo que supone morir.

Cuando veo el cuerpo de Hera al final del pasillo, tirado y cubierto, me doy cuenta de que nunca entendí lo más básico.

El dolor».

***

«Hay personas que creen que la muerte te hace valorar más la vida: yo opino que eso son tonterías. Lo único que hace la muerte, si acaso, es venir, empujarte frente a tu propio reflejo y decirte: «puedo venir en cualquier momento, así que hazme un favor y, mientras tanto, no seas imbécil».

***

«Si no puede perdonarme, si fui demasiado estúpida y cruel, lo entiendo. El perdón va de arrepentirse sinceramente, no de obligar a la otra persona a aceptarte de nuevo».

«Odio la noche porque pareces

esconderte en cada sombra.

Odio el espacio, la galaxia

entera, porque hay demasiadas

estrellas, y una parte de mí

(estúpida, tan estúpida)

sigue esperando encontrarte

tras ellas».

***

«—Es sólo que… me siento un poco egoísta al hablar de mí misma cuando sé que hay gente pasándolo peor.

—Hay gente pasándolo mal continuamente, Ianthe, por mil razones. Si lo ves de esa manera, ¿dónde está el límite? ¿Qué es lo peor que le puede pasar a alguien y por lo cual sí vale quejarse? Lo que te duele a ti y lo que me puede doler a mi quizá no tiene nada que ver, y quizá ni siquiera sentimos de la misma manera, pero es real para nosotras, ¿no? Además, si algo estoy aprendiendo, es que intentar fingir que lo que sentimos no está ahí no sirve para nada más que para amontonarse y convertirse en… una bola bastante fea, la verdad. No lo recomiendo».

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