Wendy Davies nos cuenta cómo nació Instant Karma

Wendy Davies nos cuenta cómo nació Instant Karma
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Esta semana nos llega para la sección de "Cartas de autores" la carta más emotiva que hemos publicado hasta el momento, esta carta viene de parte de las chicas Wendy Davies.

Aunque está solamente por una de ellas, desde aquí queremos agradecer tanto a Mai (quien redacta la carta) como a Fátima por regalarnos unas historias tan bonitas que nos hacen soñar.
 
Aquí os dejamos las preciosas palabras que regalan para Entre Metáforas.


12696110_954065017974249_213989866_nEscribir es la forma que tengo de enfrentarme a mis miedos. De perseguir la vida, en realidad. De desafiar a los y si… y a los quizás. De probar distintos escenarios. De mantener a raya el dolor, el miedo o la soledad.

Siempre he creído que no existe ningún comienzo real. ¿Cuándo empezó todo? No lo sé. Supongo que una historia tiene tantos inicios como personas la compongan. El mío fue un veintidós de abril; cuando nació Izan, mi hijo. O quizá no. Quizá el comienzo de esta historia fue hace dos años, cuando me citaron en la guardería para decirme que algo no iba bien. Empezaron entonces las visitas, los especialistas, las pruebas y los médicos. A día de hoy ese algo no va bien tiene diagnóstico y tratamiento. Al principio he de reconocer que me asusté y negué todo cuanto puede, esperando que en algún momento alguien me pidiera perdón y me dijera que, en realidad, no le pasaba nada. Solo que no ocurrió.

Jamás imaginé que acabaría en la consulta de un hospital, sonriendo mientras miraba hacia el techo esperando que las lágrimas se creyeran mi sonrisa y desaparecieran o que, si eso no funcionaba, la gravedad les impidiera salir de mi interior. No sé por qué no quería llorar, tal vez porque algo dentro de mí imaginaba que si empezaba a llorar probablemente nunca podría parar. Y quizá sea cierto. Lo peor es el miedo a lo desconocido, a algo que no puedes ver, a no poder simplemente darle un poco de Dalsy y prometerle que pronto todo saldría bien.

Cuando me dijeron que no es algo que tenga, es algo que es, algo en mi murió para siempre. Y en su lugar nació algo más poderoso. Porque después de negar, de llorar, de gritar y de volver a negar llegó una calma y un leve suspiro. Le siguieron las preguntas, las lecturas, la búsqueda en Google, más preguntas y casi un máster en el tema. Una palabra que apenas conocías se vuelve la más importante y cambia tu forma de ver la vida. Después simplemente se aprende a base de errores. Vas cada semana al hospital y a todas las visitas, atiendes a lo que te dicen y de reojo le guiñas un ojo a tu niño. Intentas enseñarle las emociones y te ríes cuando su cara de contento es exactamente igual a la de enfado. Alzas una ceja cuando te dice que echa de menos la oreja de alguien y abres mucho los ojos cuando le ves crear filas inmensas de coches perfectamente alineados o te corrige cuando se te ocurre decir que los bebés comen leche. Y al final te das cuenta de que la única palabra importante es el amor, porque no se me ocurre persona más cariñosa y sonriente que él. Quizá no haya nadie más como él, pero tampoco creo que haya nadie igual a nadie.

Aprendes a ver que las diferencias son las que nos hacen inmortales. Y, sin duda, él, con TEA, con autismo de alto funcionamiento, Asperger, o con un erizo en la cabeza haciendo malabares, no dejará nunca de ser mi palabra más importante. Mi gran suma. Mi pequeño principito.

Supe en ese momento que quería escribir sobre el tema, pero que no quería escribir un libro sobre un chico con Asperger. Quería escribir un libro sobre un chico que daba la casualidad de que tenía asperger. No quería que algo que era dominase todo lo demás. Quería probarle en distintos escenarios, enfrentarme a mis miedos. Fue entonces cuando hablé con Fátima. Siempre hemos escrito juntas y no me imaginaba esta historia sin ella. Estuvimos pensando mucho tiempo en cómo contar la historia y qué era exactamente lo que queríamos contar. Lo único que sabíamos en aquel momento era que no queríamos contar la historia de un chico con Asperger.

Casi sin querer una idea nos asaltó a la cabeza. El Principito, esa historia que lees siendo un niño y que no comprendes del todo hasta ser adulto. Ese ser etéreo, caído de otro planeta, era lo más parecido a nuestro protagonista, alguien que había estado ahí desde siempre aunque no pudiéramos verlo. Y en cuanto esa idea se unió a la primera tuvimos a Rin y la certeza de lo que queríamos contar. Queríamos hablar de la familia, de la amistad, del amor, del miedo, de las casualidades y del destino. Queríamos hablar de la vida. De lo diferente que somos todos, de que a veces las cosas serían más fáciles si tu familia fuese otra y lo mucho que merece la pena esforzarse por ser parte de ella, de cómo el hecho de desear ser otra persona conlleva también el dejar de ser tú mismo, de que la vida es una mierda la gran mayoría de las veces pero aun así sigue mereciendo la pena.

Así que no, esta no es una historia de un chico con Asperger. Tampoco es la historia de lo que el autismo se puede llevar consigo ni de cómo una palabra puede condicionar cada uno de tus pasos. Esta es la historia de Rin; que sí, que es —o tiene— Asperger, pero también es inteligente, dulce, divertido, inocente y en sus ojos esconde al mismísimo cielo. También es la historia de Via; que sí, que es neurotípica, pero también es el ser más extraño y real que puedas encontrar. La de Karma; que sí, que siente que su vida está condicionada por el Asperger, pero también es una adolescente que quiere a su hermano más que a nada en el mundo. La historia de Diana; que sí, que tiene un hijo con Asperger, y una hija que parece enfadada con el mundo, pero también ve el futuro en las cartas del tarot y siempre huele a incienso. Y es la historia de Leon; que sí, que es amigo de un chico con Asperger, pero también es alegre y leal. Y puede que sí, que también quisiéramos preguntarnos si alguien con Asperger es Asperger o tiene Asperger y que la gente entendiera que ser o tener Asperger no te convierte en inferior sino en diferente.

Mi hijo, con tan solo cuatro años, ya ha sido tildado de diferente por algunos niños. Y sí, me dolió como pocas cosas me han dolido. Me desgarró ver su cara y cuando llegué a casa lloré. Pero antes de eso le cogí la mano y desee que en ese pequeño apretón pudiese entender todo lo que yo callé, porque no les puedes explicar a unos niños que no lo hace queriendo, que cada día se esfuerza, que solo intenta tranquilizarse en un mundo que en ocasiones es demasiado complicado para él.

Y por si te lo estás preguntando, sí, después de llorar cogí el ordenador y seguí escribiendo la historia que vas a leer a continuación. Y lo eché todo. Aporreé las teclas y respiré hondo después, esperando que si tan solo una persona leía el libro y entendía que diferente no es sinónimo de inferior, y que si esa persona algún día se cruzaba con alguien distinto y le tendía su mano para caminar a su lado en lugar de hacerlo para señalarle, todo habría merecido la pena.

Espero que todas las personas que se crucen en la vida de mi hijo sepan de tolerancia, de entender lo que no se puede ver y comprendan qué palabras son las que, de verdad, merecen la pena.

Y espero que tú seas una de esas personas.

Esta es la canción que da nombre a esta fantástica novela.

 

¿Alguna vez te has sentido solo a pesar de estar rodeado de gente? ¿Tan diferente como un gato en un mundo de perros?

Rin se siente así todo el tiempo. Como si viviera en un mundo al que no pertenece, como si los demás hablaran en un idioma que él no es capaz de comprender y como si fingir fuera la única manera de encajar. Por eso, a veces, sin moverse del sitio, viaja a su pequeño planeta donde todo es circular, tan diminuto como el asteroide B612 e igual de recóndito. Allí todo es como debería ser, no necesita a nadie más.

Cuando Via irrumpe en su planeta llevada por el karma, arrasando con toda lógica y estabilidad, Rin piensa que se trata de un huracán de categoría cinco. Pero lo que Rin no sabe es que de las peores catástrofes pueden surgir los mejores milagros. Y es que a veces no es necesario ser etiquetado de diferente para serlo.

Dos piezas destinadas a no encajar, de puzles distintos, acabarán formando una imagen nueva donde la única regla es que no hay reglas.

Instant karma es un libro tierno que toma como referente El Principito para hablar de lo que realmente importa, aquello que es invisible a los ojos, y que explora la diferencia como punto de partida para descubrir el amor.

¿No estáis deseando sumergiros en las páginas de Instant Karma?

Imagen de perfil de Duna

Autor: Duna

"Hasta Steven Spielberg superó su complejo de Peter Pan"

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